Licenciado en Artes Visuales por la Universidad de Guanajuato, y maestro en Estudios Curatoriales por Bard College, en Nueva York, Humberto Moro (Guadalajara, 1982) es un tapatío cuyo talento lo ha llevado a trabajar en algunos de los espacios de arte más reconocidos a nivel nacional e internacional. Actualmente es curador en el SCAD Museum of Art en Savannah, Georgia, pero también ha sido curador de las secciones Nuevas Propuestas y SAMPLE de Zona MACO, así como coordinador de colección y curador asistente en Fundación Jumex. En Guadalajara fungió como promotor de diversos espacios culturales y como curador de exhibiciones de artistas de la talla de Gonzalo Lebrija y José Dávila. Recientemente le fue otorgada también la beca de investigación Estancias Tabacaleras para curadores latinoamericanos, en Madrid, España, y en Corea del Sur formó parte del séptimo curso de Curador Internacional de la Bienal de Gwangju.
¿Cómo nace tu interés por el mundo del arte?
Por mi familia paterna. Mis abuelos disfrutaron mucho de la cocina y de la música, y luego mi padre y mis tíos practicaron la música, la pintura y la poesía de manera más o menos formal, así que desde niño estuve rodeado de un ambiente propicio para expresarme a través de las artes. Desde que era chico me gustaba dibujar, o leer libros sobre civilizaciones antiguas. Creo que más que un momento en donde nació el interés, siempre estuvo ahí, y cuando llegó el momento, decidí tomarlo como un camino de vida.
Fotografía de Ernesto Solana
Licenciado en Artes Visuales por la Universidad de Guanajuato, y maestro en Estudios Curatoriales por Bard College, en Nueva York, Humberto Moro (Guadalajara, 1982) es un tapatío cuyo talento lo ha llevado a trabajar en algunos de los espacios de arte más reconocidos a nivel nacional e internacional. Actualmente es curador en el SCAD Museum of Art en Savannah, Georgia, pero también ha sido curador de las secciones Nuevas Propuestas y SAMPLE de Zona MACO, así como coordinador de colección y curador asistente en Fundación Jumex. En Guadalajara fungió como promotor de diversos espacios culturales y como curador de exhibiciones de artistas de la talla de Gonzalo Lebrija y José Dávila. Recientemente le fue otorgada también la beca de investigación Estancias Tabacaleras para curadores latinoamericanos, en Madrid, España, y en Corea del Sur formó parte del séptimo curso de Curador Internacional de la Bienal de Gwangju.
¿Por qué decides convertirte en curador? ¿Qué proceso de profesionalización tuviste que seguir para lograrlo?
Esta transición fue bastante orgánica y natural. Después de estudiar artes visuales y de tener varias exposiciones individuales, decidí abrir un espacio independiente en 2006 que se llamó HUMO. La idea de abrir este espacio era tener un estudio para hacer mi propia obra, y a la par, usar el resto del espacio para hacer proyectos con amigos. Eventualmente, terminé más interesado en investigar y trabajar con la obra de otras personas que con la propia, y el trabajo que hice en HUMO fue un experimento que de forma muy intuitiva me introdujo a la práctica curatorial. Después trabajé en varias instituciones en Guadalajara y la Ciudad de México, y en la última etapa, mientras fungía como coordinador de colección y curador asistente en la Fundación Jumex, decidí hacer una maestría en Estudios Curatoriales en Nueva York.
Los curadores ayudan a definir el concepto de arte para públicos de diferentes edades y regiones, ¿qué responsabilidad encuentras en esto?
Todas las profesiones que tienen una figura de autoridad sobre cierto contenido, tienen una responsabilidad implícita. Como un editor de un libro, o el productor de un disco, un curador está ofreciendo siempre una visión parcial y subjetiva de un tema, determinada por su origen, educación y contexto, y es importante partir de un reconocimiento de estas limitantes como filtros por los cuales la información es ofrecida al público. No solamente en términos de ser un mediador de la información, pero también pensando en la visibilidad: qué cosas vale la pena rescatar, bajo qué perspectivas y a través de qué objetos. Creo que todas estas preguntas son importantes al momento de reconocer las implicaciones de cualquier proyecto de exhibición. En lo personal, siendo actualmente un inmigrante mexicano en los Estados Unidos, la responsabilidad o la misión más importante que tengo ahora es darles visibilidad y espacios de trabajo a los artistas jóvenes latinoamericanos.
¿Cuál es tu percepción del movimiento de arte contemporáneo que actualmente tiene lugar en México?
Las últimas dos décadas han sido muy importantes para México pensando en la “escena” del arte contemporáneo; cada vez hay más alternativas, más museos especializados, más espacios independientes, fundaciones, galerías, estudios de artistas. Sin duda una generación de artistas jóvenes que entraron al circuito global del arte a finales de los 90 dieron mucha visibilidad a lo que pasa en el país, y ellos abrieron el camino para los muchos que ahora somos parte de una generación en vías de establecerse. En los últimos años este fenómeno ha excedido la Ciudad de México, permeando a ciudades como Guadalajara, Monterrey, Oaxaca, Tijuana y Mérida. Me da mucho gusto que sea un momento auspicioso para los artistas y las artes, pero también reconozco que hay muchos retos para todas las entidades antes mencionadas.
¿Cuáles son los artistas plásticos que más admiras y por qué?
Esta es una pregunta muy difícil de responder porque hay muchos artistas de distintos tiempos y nacionalidades que me gustan y me han inspirado a través de los años. Por mencionar algunos, el taiwanés Teching Hsieh; la pintora estadounidense R.H. Quaytman, o el inglés Simon Starling. Los mexicanos Cynthia Gutiérrez y Mario García Torres son artistas que también me gustan. Admiro mucho a los artistas que tienen la capacidad de producir objetos o situaciones que logran sintetizar referencias históricas y políticas con relación a su propia interacción con un contexto específico.
¿Qué exhibiciones han corrido a tu cargo en México y en el extranjero?
Me gustaría mencionar varios proyectos: la retrospectiva de Liliana Porter, titulada Other Situations, en el SCAD Museum of Art, donde actualmente trabajo como curador; también las exhibiciones Measuring the Distance, de Gonzalo Lebrija, en la Casa Encendida, en Madrid; la retrospectiva de Martin Creed, titulada The Back Door, en el Park Avenue Armory de Nueva York, y la exposición grupal titulada Overburden, en el Hessel Museum en Nueva York, así como la exposición Testigo del siglo, en el Museo de Arte de Zapopan, en Guadalajara.
¿Cómo se da la oportunidad de curar la sección Nuevas Propuestas en Zona Maco? ¿A qué retos te enfrentaste y con qué experiencias te quedas?
Zélika García, la fundadora de la feria, me invitó a colaborar con ellos en 2015. Estuve a cargo de la sección de Nuevas Propuestas en las ediciones de 2016, 2017 y 2018. Esta sección es muy interesante porque se enfoca en presentar el trabajo de artistas y galerías emergentes, y mi preocupación se orientó a cuidar y garantizar que las galerías brindaran oportunidades de exposición a los artistas más jóvenes de su programa. Fue una experiencia muy grata, conocí a muchos artistas muy interesantes y también hubo la oportunidad de hacer eventos, charlas y paneles con especialistas internacionales. Pensando en retos, creo que Zona MACO, siendo la feria más grande de Latinoamérica, y con la escala que tiene, es natural que tenga problemas logísticos, pero nada grave al final. Me quedo con muchos amigos nuevos y con muchas satisfacciones de haber podido ser un conducto para elevar a artistas mexicanos a nivel internacional, y viceversa, traer a México una lectura importante de lo que pasa internacionalmente con el arte joven.
¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
Hago crossfit y tengo dos perros.
¿Qué suena en tu playlist de Spotify?
Sza, Oneothrix Point Never, FKA Twigs, Arca, Nils Frahm y Animal Collective.
¿Cuál es tu museo favorito?
La Fundación Serralves, en Porto, Portugal.
¿Qué libro podrías leer una y otra vez?
Libertad, de Jonathan Franzen.





